Clivajes

La ciudad perdida

El Gobernante amaba esta ciudad, donde no se voceaban los periódicos y donde las fachadas de los caserones se mantenían sin revocar.

Entonces, con ufanía, proclamó desde el balcón embanderado que esta sería su Capital.

A partir de esa jornada, todo resultó indetenible.

Ramón Minieri

La obra

Con la misma desinteresada eficacia, él administra ahora su agonía.
Siempre ha sido así, parco en palabras y escaso de ademanes; ordenado hasta en lo mínimo, fíjense las cosas colgadas al alcance de la mano. Como si se tratara de resolver las cuestiones de esta vida sin pasión y sin esfuerzo, reservándose para otra tarea: un trabajo oculto, que le sume la mirada y le opaca el habla.

Y ni ahora se detiene, ese otro empeño mudo y porfiado.

Ramón Minieri