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Una poética que incluye al intruso como una tormenta de arena

. Publicado en Brolis

Pasajera del viento, de Irma Cuña (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2013, 162 páginas)

CuniatapaAndamos sobre un médano de palabras utilizadas en su momento por alguien. La poesía no nace con cada autor, la urdimbre de la naturaleza está hecha también de nuestros mayores. El tejido de la tierra posee memorias que conversan con las dunas. Cuando nace Irma Cuña, tres años después que el Penca Bustriazo, 33 después de Escudero, Gabriela Mistral tiene 42 años y Henry Michaux, 33. César Vallejo fallece el año en que Irma comienza su escolaridad primaria. Miguel Hernández, cuando la poeta neuquina cursaba cuarto grado.

“Recuadro de su valle”, las dunas de Irma, “removidas por el viento monótono y salvaje”, antes lecho marino, serán paisaje inicial, intangible y fósil, una ola desplegada en la prescindencia del agua, elemento escaso en la Patagonia. La ola de arena tiene una particular relación con la forma y la quietud. La forma, atada al viento y a un mismo tiempo desatada, es pasajera. Otro poeta neuquino, Sergio Sarachu, explica que al escribir empieza y termina con puntos suspensivos “por lo que se escribió, anduvo, luchó, murió antes y por lo mismo que sucederá después”.

La escritura de Irma Cuña hace de esos puntos suspensivos la arena en la que “batallar una vida nada fácil, en una geografía marcada por la hostilidad, y una escritura en la que lo convencional ha sido, si no el peor, su más ensañado enemigo”. Estas palabras de la poeta Irene Gruss pertenecen al prólogo de Pasajera del viento,selección poética que realizó para Fondo de Cultura Económica, que posibilitará el acercamiento a la obra de Irma para muchos lectores a los que hasta el día de hoy les había resultado imposible.

La antología compila poemas de Neuquina (1956), El Riesgo y el Olvido (1962), Cuando la voz cae (1963), Menos plenilunio (1964), El Príncipe (1965-1969), Maneras de morir(1974), El extraño (1977),“Otros poemas” –publicados en Empresa poética (1990), Hojas de Sudestada (1991), Voces a mano (1986) y Colección de plaquetas Arché (1992)–, El riesgo del olvido (1991) –con prólogo de Gerardo Burton– y La divisa del emboscado (1992). La autora de esta selección estima que “no hay etiqueta que pueda aplicarse porque cada poema y cada libro la expulsarían; a lo sumo, podría afirmar que por momentos unos se contradicen con otros, a la manera del fluir de Heráclito; nada es rígido en ella y todo muta”.

Irene Gruss la acerca a Jackson Pollock, al decir de éste: “no se trata de ilustrar o representar cosas, sino de expresarlas”. Ningún naturalismo es localizable en su pluma. Podemos agregar que Irma, hija de barbero como Joseph Turner, trasciende el principio del paisajismo tradicional, según el cual el paisaje es algo que se despliega ante uno, se abre camino en un intento por desbordar y rodear. Cuando de verdad uno permite que su mirada quede atrapada, cae en la cuenta de que está en medio de un remolino. El impulso hacia la lejanía no lleva hacia dentro del poema, es centrífugo. Podríamos afirmar que se trata de una poética que incluye al intruso como una tormenta de arena.

En el ensayo “Turner y la barbería”, John Berger utiliza este símil y establece una correspondencia entre los elementos visuales del oficio paterno y los del estilo maduro del artista. En el caso del padre de Irma Cuña, se suma también su trabajo como músico en la banda de la Policía local. La musicalidad, el rigor, pero también el tránsito de quien ejecuta en el desplazamiento son huellas de una disciplina que le llega a Irma por parte de padre.

Pasajera en tránsito perpetuo, fue profesora en Letras de la Universidad del Sur de Bahía Blanca, discípula de Ezequiel Martínez Estrada, trabajó su tesis doctoral sobre Pedro de Urdemales en el Collège de France y la terminó en su exilio en México. Afecta a las utopías, su lenguaje poético tiene la intensidad, el ritmo, la diversidad y la porfía de aquellos viajeros que llegaron a constatar la infinitud del mundo, como quien se animó alguna vez al desafío de contar granos de arena y nunca desistió.

En la tensión constante entre rigor y belleza, a su regreso a Neuquén es convocada para corregir el estilo literario de las leyes sancionadas por el gobierno provincial, proyecto que fracasa al poco tiempo. No tolera la voz de una poeta, del mismo modo que no suele salir airosa de la ejecución de los instrumentos de las bandas policiales.

Con Irma Cuña podemos concluir que “este libro nació por haber descubierto el signo que llevan en la frente algunos extraños: los que no aceptan un mundo heredado y, peor aún, pretenden crear otro con la palabra”. Palabras éstas de su prólogo a El Extraño, que precede a esta declaración de principios que son también fines, confines, marea, remolino:

Partimos
a olvidar
nuestro dedo de sombra en el desierto.
¡tanto andar por el aire
para tocar la interminable arena!

Silvia Castro

(Reseña publicada en la revista "Poesía Argentina", enero de 2014)

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