Libres crecen

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Niños eternos

. Publicado en Libres crecen

por Erica González


Podían pasar el día cazando mariposas o construyendo fuertes entre los eucaliptos. A veces cabalgaban. Casi siempre practicaban la crueldad: eran niños sanos.

Ella tenía 9 años, mayor por varios meses, pero no se le notaba. Un poco más baja y rubia, encandilaba cuando sonreía. Tenía dientes casi nuevos, todavía con sierritas, y ojos color caramelo. Él también mostraba sus enormes dientes con sierritas, pero se escondía detrás de profundos ojos negros.

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Le dolía la garganta

. Publicado en Libres crecen

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Por Laura Ruberti*

Aunque nada prometía, el día igual comenzaba. Para ella, a las 10 de la mañana.
Le dolía la garganta. También los oídos, algo así como síntomas de alguna cosa, nada orgánico, nada estrictamente referido al cuerpo, ni angina ni otitis. Y para colmo, la lengua la tenía negra, sí, negra. Pensó lo peor, en algo grave.

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La noche de los sótanos

. Publicado en Libres crecen

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Por Graciela Lago

Sigo durmiendo en mi lado de la cama como si él estuviera allí. La mitad vacía de mi cama es una constatación, la prueba irrefutable de esta nueva soledad que lentamente va ocupando los rincones del cuerpo y la casa que habito. De día la miro de reojo, la ignoro, confabulo con mi pequeño mundo; de noche comploto en su contra con la lectura. Un libro no es un hombre. Mi cuello y mi espalda lo saben, pero leer en la cama hasta muy tarde, hasta que los ojos se cierran fatigados por el amoroso ritual, es un consuelo. Empezar un libro deseado.